¿En que se distingue la pedagogía Waldorf de otros pedagogías alternativas?

El Blog de Arbol de Vida

Por Manlio Atilano


La pedagogía Waldorf puede ser considerada alternativa seguramente, pero se diferencia con precisión de la educación activa en varios aspectos, al menos tres de los cuales son elementos fundamentales: el ritmo, el alma social y el arte como medio de transmisión del conocimiento.

En la pedagogía Waldorf se asume que el ritmo de trabajo cotidiano lo estructura el maestro y no el niño; el adulto, más que un guía, es un instructor que proporciona al niño, mediante la secuencia de, actividades de expansión y de contradicción, un modelo ordenado y preciso que orienta su actividad. En primer lugar, este modelo apela al ser rítmico  metabólico del niño, es decir, a su natural disposición y capacidad para el inhalar y exhalar, para digerir y transformar alimentos, para mantener un ritmo cardíaco constante. La idea es basar la acción del niño en su sistema simpático, que jamás se cansa. En segundo lugar, este modelo busca despertar su voluntad consciente, en otras palabras, se organizan actividades que, partiendo de la motricidad gruesa y fina, le lleven gradualmente a desplegar movimientos cada vez más complejos como saltos, giros, malabares, alternancias y secuencias al tiempo que habla, recita o canta para procurarle así la destreza para observar y observarse; recapitular las imágenes compartidas el día anterior, recrear y crear formas bellas y verdaderas que viven en su entorno, ya sea mediante rondas y escenificaciones, ya en dibujos, pinturas y manualidades, ya en textos elaborados por él mismo donde reseñe sus vivencias, plasme sus sensaciones e identifique sus ideas. El maestro procura atender con precisión a las necesidades motoras, anémicas e intelectuales del niño según su etapa de desarrollo específica, en un proceso dinámico y continuo pero graduado en diferentes niveles: septenal, anual, estacional, mensual, semanal y diariamente.

Sabemos además que el yo infantil, si bien pleno de fuerza transformadora, es aún incipiente, por lo que necesita modelos estéticos y éticos donde apoyarse. En la pedagogía Waldorf estos modelos se identifican en el alma social; las actividades tienen entonces un carácter esencialmente grupal que cobija y robustece la individualidad a partir de la pelona igualdad y la fraternidad compartida día a día.

La didáctica en la pedagogía Waldorf está basada en el arte como medio de comunicación y transmisión del conocimiento. Con esto se procura el dominio de la técnica suficiente para conquistar la capacidad de expresión personal. La disposición de los materiales, su utilización precisa, la constancia en el esfuerzo diario devienen en la búsqueda creativa pero firmemente regulada; no hay libertad sin límites.

Además de estas tres, hay otras diferencias que cabe destacar. En primer lugar, la pedagogía Waldorf se basa en una visión tripartita del ser humano, donde la voluntad o las capacidades psicomotoras, el sentimiento o la vida anímica y el pensamiento o las facultades intelectuales, se estructuran en procesos de desarrollo interdependiente. En este proceso se pondera siempre el aspecto que concierne a la educación de los sentidos como el agente que libera la voluntad y despierta la razón; a nivel didáctico se apela a la emoción y a las sensaciones, en sentido amplio, como la capacidad de asombro del niño para introducirle al mundo objetivo y al pensamiento formal de manera intencionada y no dependiente del azar.

En segundo lugar, la pedagogía Waldorf se sustenta en un modelo de desarrollo humano y un plan curricular hasta los 21 años al menos, que organiza, dosifica y precisa los contenidos académicos correspondientes a cada etapa de crecimiento. Este modelo surge de las directrices propuestas por el Dr. Rudolf Steiner basadas en su filosofía antroposófica que abarca la visión global del hombre hasta el 10° septenio, es decir los 70 años de vida, y no son inferencias derivadas de un modelo educativo de la infancia solamente.

Por su parte, la didáctica Waldorf tiene cuatro características que no se encuentran en ninguna otra opción educativa. Una de ellas es la inclusión en la currícula de la euritmia pedagógica. La euritmia es un arte del movimiento, formulado por el mismo Rudolf Steiner, que desarrolla la conciencia espacial y permite una conexión con la naturaleza intrínseca de la música y la poesía. La euritmia pedagógica tiene su propio currículum por grado y apoya muy cercanamente al trabajo académico que corresponde a cada grado.

Otra parte importante en la currícula Waldorf es el Dibujo de Forma, disciplina que busca, a través de la ejercitación manual, gráfica y pictórica, dotar al niño de destrezas de motricidad fina, ubicación espacial y lateralidad. Estás a su vez están ligadas a la escritura y, eventualmente, como secuencia curricular, a la geometría a partir del 5° grado de primaria. La foto de abajo ilustra un ejercicio de dibujo de forma en el pizarrón.

Una tercera característica distintiva de la aplicación de la metodología Waldorf es que los niños elaboran sus propios libros de texto. Cada alumno crea un registro de la clase principal en cuadernos que él mismo elabora con composiciones, diagramas e ilustraciones, y que realiza con mucho esmero y de manera artística.

Finalmente, otra característica única de la didáctica Waldorf es que, para la primaria, propone la figura de un mismo maestro tutor durante varios años, idealmente un ciclo completo de desarrollo septenal, de manera que este acompañamiento establezca las bases de una relación profundamente personalizada entre el ser individual, anímico, intelectual y social del niño y del maestro, que necesariamente trasciende los límites de un vínculo escolar simple. Así mismo esta relación personal también se establece con la familia del niño porque, en sentido institucional, la vida colegiada regula la vida escolar procurando además el desarrollo comunitario con la participación de los adultos, padres y educadores, como corresponsables del proceso educativo.


Manlio Atilano Es psicólogo, terapeuta de niños y ciclista. Es catedrático de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos desde 1993 y responsable del área de psicología del Centro Comunitario Infantil Encuentro desde 2001. Ejerce consulta particular desde 1993. Realizó su formación como maestro Waldorf en el centro antroposófico de México y ha sido maestro de grado en Villa Educativa Altaír y en la Escuela Waldorf de Cuernavaca.

Publicación original en la revista El Alba


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